
Mensaje de Pentecostés de la Obispa Presidenta: El don de Espíritu Santo es 'el soplo de una constante nueva vida'
La carta de Jefferts Schori precede a la observación de la Fiesta de Pentecostés el domingo 11 de mayo y el comienzo de la estación litúrgica de Pentecostés del calendario litúrgico.
A continuación se encuentra el texto completo del mensaje de la Obispa Presidenta.
Para esta estación de Pentecostés 2008
Carta a la Iglesia Episcopal
Hermanos y hermanas en Cristo:
En estos días en que se cierra la estación de Pascual y nos acercamos a la fiesta de Pentecostés, comenzamos a poner atención a la presencia de Dios con nosotros en Espíritu Santo. La iglesia primitiva señaló este don como inspiración, fuego y lenguas: el soplo de una constante nueva vida y el ardiente deseo de una habitual relación con Dios. El don de Espíritu Santo nos mantiene vivos y activos, nos orienta hacia a nuevos destinos y a desafíos inesperados.
Tanto es esta época como en otras nos enfrentamos a cuestiones de identidad, vocación y misión como miembros del Cuerpo de Cristo. Nuestra entrada a la extensa estación de Pentecostés nos orienta a considerar como nosotros también seguiremos a Jesús inspirado por Espíritu Santo. Quisiera presentarles unos pocos recordatorios sobre identidad, vocación y misión que recién compartí con el pueblo de la Diócesis de San Joaquín.
1) Jesús es Señor. En la misma forma en que los primeros cristianos proclamaron que Jesús -- y no César -- es Señor. Recordemos que nadie, ni un jerarca ni una autoridad eclesiástica, ni tampoco alguno de ustedes es Señor. Pertenecemos a Dios, a quien conocemos en Jesús y nuestra identidad no puede estar fundada en ningún otro elemento.
2) Todos fuimos creados a la imagen de Dios. Aunque no podemos contemplar la imagen de Dios inmediatamente, somos desafiados a seguir buscándola, especialmente entre aquellos que nos podrían considerar sus enemigos.
3) En el bautismo descubrimos que hemos sido llamados a ser para los demás de la misma firma que Dios lo es para nosotros. Es decir que la misión de Dios debe ser nuestro foco principal y no aquello que pone atención nosotros y excluyendo al los demás. Porque cuando excluimos al prójimo, excluimos a Dios.
4) Ninguno de nosotros está solo. No podemos emprender la totalidad de la misión divina estando solos ni tampoco conocer la plenitud de la realidad de Dios estando solos. Unidos, como miembros del Cuerpo de Cristo, podemos comenzar a tratar. Y el Espíritu, como fuego ardiente, soplo inspirador y hablante de muchos idiomas está presente en este Cuerpo, fortaleciéndonos, animándonos y sosteniendo nuestra tarea. Gracias sean dadas a Dios quien continuamente nos renueva.
Su servidora en Cristo,
+Katharine Jefferts Schori
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