Para los profetas el gran sueño de Dios siempre ha estado en claro. La visión de Isaías sobre la proclamación de las buenas nuevas a los oprimidos, libertad a los cautivos y alivio a los sufrientes es una expresión cardinal e integral de la vida abundante en una justa relación con Dios y con el prójimo. Miqueas dice que lo más importante en la vida es hacer justicia, amar la misericordia y caminar humildemente en la presencia de Dios. Amós tiene palabras muy específicas para los que “venden la justicia por plata y a los necesitados por un par de sandalias” (Amós 2:6) y les recuerda a sus oyentes que Dios no dejará que estas transgresiones queden impunes.
Los seres humanos repetidamente han olvidado o ignorado la imagen de Dios en sus hermanos y hermanas. Hemos dejado de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Hemos degradado a quienes bajo su piel son iguales a nosotros para que pudiéramos usarlos peor que a bestias de carga. Hemos buscado ser dioses, enseñoreándonos de otros. Y en el proceso hemos repudiado nuestra propia imagen divina y descubierto nosotros carecemos o tenemos poca salud.
Desde que bajamos de los árboles, los seres humanos han tratado de usar a otras personas para sus propios fines. Podemos observar como otros simios formando jerarquías de dominación que minimizan la violencia en sus sociedades y sabemos que alguna parte de este patrón forma parte de nuestro propio ADN. Pero este animal supuestamente espiritual no ha superado en mucho sus orígenes. Somos tan caídos como nuestros antepasados bíblicos Adán y Eva que buscaban ser sus propios dioses.
La esclavitud ha existido desde el momento en que un ser humano pudo obligar físicamente a otro para servir sus propios deseos. Inicialmente fue algo limitado porque se necesita una importante superioridad numérica, en poder y en armas para imponer la voluntad de uno o unos pocos sobre una comunidad entera. Los esclavos siempre fueron el botín de guerra en cada continente y en los antiguos conflictos tribales comerciaron entre las facciones contendientes. Las economías militares fueron construidas con el trabajo de los esclavos: Roma, Atenas y otros supuestos antecesores de las democracias modernas dependieron de una clase subyugada. Incluso la cristiandad primitiva, bajo el liderato de Pablo, no pudo llegar a imaginarse una sociedad sin esclavos. Él les recordó que debían obedecer a sus señores y el uso de estos versículos dieron el sustento eclesiástico para quienes trataron de justificar que no había problemas en tener seres humanos en propiedad.
Sin embargo, fue la enorme trata de esclavos, comenzada por los portugueses en los 1400 la que multiplicó la inhumanidad en una gigantesca crueldad. Más de 10 millones de esclavos fueron enviados desde África hacia las Américas durante los próximos cinco siglos. Tan solo en el siglo XVIII, Gran Bretaña embarcó 2,5 millones de esclavos. Katrina Browne y Tom DeWolf nos cuentan que la familia DeWolf fue responsable de la importación de 10.000 esclavos a estas costas.[i] Y la iglesia estuvo allí en medio, dando apoyo supuestamente sagrado a la degradación de la imagen de Dios en la víctima y en el victimario. En los puertos esclavistas de África se construyeron iglesias cercanas a las prisiones y celdas para aquellos que pronto serían exilados de su suelo natal. La iglesia bautizó a muchos, a menudo sin informarles o pidiendo permiso a quienes iban a ser incorporados en el Cuerpo de Cristo. Y sin embargo, el persistente contraste del Evangelio que exalta a los humildes y humilla a los poderosos, estas semillas fructificaron en la buena tierra y crecieron y dieron fruto de una clase que aquellos clérigos anglicanos nunca podrían haber imaginado. Este fruto finalmente produjo semillas que ayudaron a sanear los malos campos donde fueron plantadas. Muchas veces los profetas no son populares, pero pocas veces se equivocan.
En particular, la participación de los americanos en la esclavitud involucró a personas en toda la nación y no solamente en el sur del país. La película de Katrina Browne y el libro de su primo están abriendo los ojos y las mentes de muchos norteños sobre las formas en que familias prominentes, capitanes de la industria y clérigos de esta iglesia, incluyendo a los obispos presidentes comparten responsabilidades sobre la enormidad de la esclavitud. Muchos en esta tierra continuaron aprovechándose del trabajo forzado y privaron de libertad a los hijos e hijas de Áfrico mucho después del fin “legal” del comercio de seres humanos conocido como la trata de esclavos. Simplemente exportaron las mayores pruebas [de su comercio] a sitios como Cuba. Me pregunto si la animosidad de nuestro gobierno hacia aquella nación no sería diferente si compartiéramos la culpa por la situación humana que ellos tienen.
Aun después de la Guerra Civil, una guerra supuestamente luchada para librar a los esclavos, para asegurar la igual dignidad de vida, libertad y la búsqueda de la felicidad para todos los seres humanos de esta nación, aún después de esto la avaricia humana pronto restableció la realidad de la esclavitud. Douglas Blackmon ha escrito un libro inmensamente importante Slavery by Another Name donde explica la formas intencionales y conscientes en que la esclavitud fue efectivamente reinstituida en el sur de los Estados Unidos después de la Guerra Civil. Legalmente fundamentada por condenas criminales que restringían casi todos los aspectos de la vida para los afroamericanos, estos sistemas prohibían hasta la libertad de trabajar con quién y dónde uno quería. Estas leyes crearon oportunidades para arrestar por las más tenues de las excusas a seres humanos que aparentaban ser buenos trabajadores y luego vendían a estos seres humanos a hacendados blancos, dueños de minas, industriales y madereros pretendiendo que sólo estaban cubriendo el costo de su arresto y encarcelamiento.
Blackmon detalla hechos y también sigue las historias de individuos y familias enredadas en estos procedimientos falaces y farsantes. Él dice que para los fines de la década del 1880 por lo menos 10.000 hombres negros estaban esclavizados en los estados sureños, minas, agricultura y en la fabricación de trementina.[ii] Los mineros e industriales se hicieron ricos con esta amplia fuente de trabajo barato. Y las comunidades que vendieron a estas personas también se beneficiaron. Para 1889, cuando todo el presupuesto de Alabama era de aproximadamente 1 millón de dólares, el estado ganaba 120 mil dólares anuales vendiendo convictos, muchos de ellos negros.[iii] Pero no era sólo la antigua Confederación que estaba involucrada. Las inversiones con que contaban los industriales venían de Nueva York y Wall Street.
En 1907 una compañía minera de Birmingham, Alabama, prácticamente funcionaba a base de esclavos. Estas minas y otras empresas relacionadas vendieron el acero a otras compañías como los ferrocarriles Southern Pacific y Union Pacific. También fue la época de la mayor quiebra del mercado y graves amenazas a la economía, algo que ahora nos parece familiar. JP Morgan, un firme episcopal que ayudó a fundar el Church Pension Fund estuvo involucrado en un salvataje para asegurar la estabilidad financiera. Esto implicó que la compañía US Steel compra minas en Birmingham que usaban trabajadores esclavizados. Tres semanas más tarde, el nuevo presidente de la empresa minera firmó el contrato para conseguir otros 400 convictos esclavizados.[iv]
Atlanta también tuvo una historia similar, con minas, fábricas de ladrillos y empresas agroindustriales que usaban trabajadores esclavos hasta el 1900. Una operación controlada por el Banco Fourth National de Atlanta fue la principal beneficiaria, un banco que eventualmente llegaría a formar parte del Banco Wachovia. En 1896 los propietarios del banco controlaron a más de 1200 obreros convictos, una cantidad que representaba casi el 40% de los encarcelados en Georgia que estaban en condiciones de trabajar. Sin embargo, Wachovia ha investigado su propia historia y ha hecho compensaciones importantes durante los últimos años.[v]
Durante todo este periodo no hubo casi ninguna supervisión, investigación o intervención oficial. En 1902 hubo una pequeña actividad de un fiscal federal llamado Reese, en Montgomery, Alabama, durante la presidencia de Teddy Roosevelt. Tuvo muy poco éxito en lo que era conocido como servidumbre forzada (obligación de trabajar para pagar una deuda) porque la mayoría de los jurados no se atrevían a condenar a sus propios vecinos. Los repetidos pedidos de ayuda oficial fueron ignorados en su casi totalidad. Ignorados… pero hasta que comenzó la Segunda Guerra Mundial.
El nazismo alemán y el imperio japonés ayudaron a poner fin a esta atrocidad. La propaganda enemiga trató de convencer a los afroamericanos que ellos tendrían mejor suerte con las naciones que tomaban su humanidad seriamente. Sólo cuando se llegó a estas circunstancias las autoridades federales comenzaron a preocuparse por esta situación vergonzosa.
Amigos míos: esta mancha se ha extendido por todas partes. Sólo fueron algunas personas de fe muy especiales las que pudieron ver el pecado de la esclavitud, ya sea en el Norte o en el Sur antes de la Guerra Civil. Todavía fue más raro que un miembro de la iglesia hablara sobre esta inhumanidad o luchara para ponerle fin. También fue muy raro ver quien luchara contra Jim Crow. Ni tampoco realmente hemos comenzado a enseñarle a nuestros hijos sobre los pecados de esta nación: El cautiverio de los indios americanos bajo los primeros colonos; la participación de los norteños en la trata de esclavos africanos; los excesos penosos de la esclavitud en las plantaciones o la criminalización institucionalizada de la vida de las comunidades negras sureñas después de la Guerra Civil. Apenas hemos comenzado a contemplar las realidades de nuestra herencia. Todo nuestro clero participa de un sistema jubilatorio comenzado por alguien que se benefició de la esclavitud. En el 1700 la Iglesia de la Trinidad, Wall Street, Nueva York, tenía esclavos en sus haciendas. También hubo esclavos en el Seminario de Virginia… trabajando y no asistiendo a clases. Y esta diócesis informó que para 1860 más del 80% de su clero tenía esclavos.
Las consecuencias continúan hasta el día de hoy. Muchos de nosotros, blancos y negros, depositamos nuestro dinero en bancos cuya historia de alguna manera está asociada con las ganancias producidas por el trabajo de esclavos. Muchos de nosotros nos beneficiamos usando el acero hecho por compañías con alguna conexión con las minas y sus trabajadores esclavos en el sur. Muchos de nosotros esperamos vivir en comunidades que se mantienen seguras por la ley y las cárceles.
Pero ¿quiénes están encarcelados? Quisiera sugerir que la enorme diferencia entre las cantidades de blancos y negros en nuestras cárceles parcialmente se debe a la criminalización de gran parte de la vida de los negros en el sur, desde los 1880 hasta los 1960. Las dificultades de las familias negras de hoy en día también se relacionan con los siglos de extracción de hombres negros de sus familias para servir como esclavos en el campo, una mina o una fábrica.
Durante todo este tiempo, los privilegiados miraron para el otro lado y muy pocos tuvieron el valor de cuestionar ideas, palabras, prácticas o leyes inhumanas. Ellos y nosotros ignoramos la imagen de Cristo en nuestro prójimo. Hemos confabulado con las empresas e industrias que buscaron lograr las mayores ganancias sobre las espaldas con los explotados. Esta búsqueda de las ganancias a todo costo no sólo es codicia sino idolatría y hoy en día tenemos a nuestra vista las consecuencias.
Sin embargo hay esperanzas. A pesar de todas las posibilidades racionales, hay esperanza. Los capellanes de esclavistas de Ghana comenzaron una jornada de fe que finalmente resultó en profetas y testigos como WEB Du Bois (quien comenzó su vida en una escuela dominical episcopal), Sojourner Truth, Zora Neale Hurston y el Dr. King, así como los profetas contemporáneos Barbara Harris, Ed Rodman, Martin Shaw, Thomas Logan, C. David Williams y muchos de ustedes aquí presentes. Los explotadores y terratenientes habían querido usar el Evangelio para controlar, pero finalmente Dios lo usó para liberar a los cautivos. No se puede limitar el poder y el amor de Dios que trasciende la muerte y la maldad de esta vida. Sin embargo no podremos experimentar la plena resurrección hasta que todo el Cuerpo de Cristo también se levante.
Hoy vamos a salir de este lugar recordando el gran ideal de Dios: una creación restaurada, donde toda la humanidad vive con dignidad, justicia y paz y donde no hay blanco ni negro, hispano o chino, hombre o mujer, homosexual o heterosexual, amigo o enemigo. Vamos a salir de este lugar sabiendo que aquella gran visión de liberación, redención y sanidad es verdaderamente posible, si es que nos unimos. Pues necesitaremos contar con el total compromiso y trabajo de todos los que libremente han escogido el yugo de Cristo, y cuyo servicio es perfecta libertad... libertad para toda la humanidad. Nos volvemos a comprometer con este servicio. Y cuando lo hagamos, una vez más podremos alzar nuestros rostros y decir “verdaderamente esta Escritura se ha cumplido en nuestros oídos.”
[i] Browne, Katrina. Traces of the Trade. Thomas DeWolf, Inheriting the Trade. Beacon
[ii] Blackmon, Douglas. Slavery By Another Name. p 90