¿Quiénes aparecieron frente a la puerta de sus casas en la noche del viernes? Mi esposo y yo vimos algunas personas con disfraces interesantes por las calles de Nueva York: no se trataba de niños, sino de jóvenes y señoritas vestidos como muñecas de tela, geniecillos, personajes de libros de cuentos, un pirata y otros que no pudimos reconocer. Muchos de nosotros olvidamos que estos disfraces son una forma extraña de recordar a los santos. La vigilia de los Fieles Difuntos se supone que anticipa al Día de Todos los Santos, a pesar de que nuestra celebración de “Halloween” ha tendido a concentrarse en los espíritus que son menos santos en lugar de aquellos que son más santos.
Entonces ¿quiénes son los santos? En la iglesia usamos definiciones y nociones que a veces se sobreponen: los santos son todos los bautizados, aquellos cuyas vidas han ejemplificado mejor a Cristo en todos los tiempos e, inclusive, los santos son aquellos que nos muestran a Dios. El catecismo nos recuerda que somos toda la familia de Dios, vivos y difuntos, unidos en Cristo. Los episcopales y otros cristianos tratan de comprender cuán grande es la familia de Dios y si quienes no son cristianos pertenecen a ella, porque ciertamente podemos señalar a personas santas que ejemplifican a Dios obrando en el mundo, tales como el Dalai Lama y Mahatma Gandhi. Parece ser más útil recordar que la obra salvadora de Jesús fue y continúa siendo para todo el mundo y que nuestras promesas bautismales son sobre la vida en santidad, juntos, en comunidad.
Pero lo que estamos haciendo hoy, bautizando a estas personas tan pequeñitas es que conscientemente los reclamamos como santos de Dios. Decimos que ellos son bendecidos en el sacramento del bautismo, ya sea si lo saben o no. Nuestra tarea, para los nuevos santos de todas las edades es ayudarles en su jornada de acercamiento a Dios. Cuando los bautizamos y los ungimos, los reclamamos como santos. Afirmamos que la santidad y la beatitud son un estado del ser y no una lista de logros. Si podemos decir que un bebé es un santo, su estado de santidad realmente no puede depender de las buenas obras que él o ella haya hecho. Por otra parte, cuando observamos esta beatitud en la vida de otros, es una buena señal de que Dios está obrando en la vida de esta persona, santificándola. Y vemos estas señales de santidad en la vida de todos los santos.
Entonces, la santidad está relacionada tanto con lo que somos como lo que hacemos, es decir, la bendición de un estado de vida interior y la forma en que esta se manifiesta en las obras de una vida. Esto es aquello que Jesús estaba explicando en su lista de personas bienaventuradas: los que son pobres en espíritu, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los que son humildes, mansos y puros de corazón. Estas son formas internas de ser que pueden ser expresadas exteriormente. En realidad, esto es lo que decimos de los sacramentos: que son señales externas y visibles de una gracia interna y espiritual. Los santos están destinados a ser sacramentos de Dios en vidas humanas: en la misma forma que Jesús es el más completo sacramento de Dios en carne humana.
Considere a los santos que le rodean. Algunos son personas que ustedes saben que son santas... y entre ellas hay algunas que no nos gustan mucho. Uno de mis favoritos en el santoral es Jerónimo. Fue un monje del siglo V que tradujo la Biblia al latín. Pero tenía mucha fama de ser iracundo y arrogante que hacía la vida de cuantos le rodeaban extremadamente difícil. Bueno, si hay esperanza para él, entonces tiene que haberla para cada uno de nosotros.
Los santos son tan diferentes como diferente es la creación y uno puede encontrar santos en todos los sectores de los debates teológicos y políticos. En verdad Dios nos da una gran variedad de oponentes para ser de bendición en nuestra peregrinación hacia la santidad. Hay santos entre aquellos que decidieron dejar la Iglesia Episcopal. Hay santos entre los que decidieron quedarse. Hay santos que todavía no han tomado alguna decisión. Son santos porque fueron bautizados en este quebrantado Cuerpo de Cristo y entre nosotros hay santos cuya santidad de vida es completamente evidente. No honramos a Dios cuando rehusamos apreciar su beatitud.
Sin tener en cuenta los disfrazados por “Halloween” ¿cuántos santos ha visto esta semana? Y aun aquellos que se disfrazaron pueden hacernos recordar que debemos observar más allá de lo exterior, a buscar la santidad en medio de tanta corrupción.
Alguien me hizo pensar sobre unas santitas que muy poco se recuerdan y cómo la santidad se hace evidente en medio de las circunstancias más pérfidas. Patricia Hunter, es una pastora bautista en Seattle y escribió un artículo en un periódico de Seattle para recordar a su comunidad sobre cuatro niñas que murieron 45 años atrás en el incendio causado por una bomba puesta en la Iglesia Bautista de la Calle Dieciséis en Birmingham, Alabama.[i] En el medio del movimiento por los derechos civiles, cuatro niñas que asistían a la Escuela Dominical fueron asesinadas por alguien que objetaba el color de su piel. Ellas estaban reunidas para orar después de un sermón titulado El Amor que Perdona. Las reconocemos como santas: Denise McNair, Cynthia Wesley, Carole Robertson y Addie Mae Collins. Bienaventurados los que lloran, bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia; bienaventurados los que trabajan por la paz.
Fred Morris también apareció en las noticias de esta semana. Él fue un misionero metodista en Brasil entre los 1960 y los 1970.[ii] Fue amigo de Dom Helder Cámara, Arzobispo de Recife y ambos abogaron por los derechos humanos y criticaron el gobierno militar de Brasil de aquella época. Morris fue raptado, torturado y luego, en 1974, fue deportado de Brasil principalmente por su trabajo con Dom Helder Cámara. Un par de semanas atrás, el gobierno de Brasil formalmente le pidió disculpas y le dio una recompensa monetaria y una pensión vitalicia. Fred Morris hoy vive en Panamá enseñando a los niños a cuidar de este mundo.
Otro santo logró que Fred Morris fuera deportado en lugar de ser un desaparecido más. Richard Brown era un funcionario novato en la embajada de los Estados Unidos en Brasil y reclamó ver a Morris bajo las reglas de la Convención de Ginebra. Pero denunciar la tortura y demandar la liberación de Morris impactó negativamente en su carrera.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia; bienaventurados son cuando las gentes les desprecien y les persigan y digan (y hagan) toda clase de maldades contra ustedes falsamente por causa de Jesús, pues su recompensa es grande en los cielos. Sí, la recompense de los santos es grande en los cielos y, de vez en cuando, en esta tierra habrá paz y reconciliación cuando los santos cumplen con su obra.
Los santos son mártires, vivos y difuntos, que son valientes testigos del amor de Dios para toda la humanidad. Los santos son quienes están listos a defender lo que es justo, ya sea la dignidad fundamental de los seres humanos o por nuestro deber a defender a este mundo cada vez más torturado. Los santos trabajan por la paz y traen la paz, aquellos que se imaginan y esperan un mundo sanado y trabajan para lograrlo.
La santidad no está definida por tener ciertas posiciones teológicas o eclesiásticas. Es concedida en el bautismo, y se manifiesta en obras de misericordia, justicia y humildad. No nos ha sido dado conceder la santidad... sólo reconocerla. Ya ha sido concedida y sin embargo debemos buscarla durante el resto de nuestras vidas. Muy a menudo se hace aparente en medio de las luchas, dolores y pesares, porque es allí donde hay más necesidad de la luz de Cristo.
¿Están dispuestos a compartir esta luz en el mundo?
[i] Seattle Times: http://seattletimes.nwsource.com/html/localnews/2008337461_hunter01m.html
[ii] Christian Century 4 November 2008, p8